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7 de septiembre de 2010

Miedo


Miedo a no saber.
Miedo del propio miedo.
Vacío mi interior y
me siento estremecer.
Vidas paralelas añoro,
vidas que nunca serán mías,
más si mías las imagino,
quizá renazca de mis cenizas.
Turbios despertares me aguardan,
faltos de cariño, amor y, sin embargo,
plagados de incomprensión.
Y, así, deliro entre el temor;
los negros augurios me ahogan;
un pequeño amanecer quisiera surgir,
mas el miedo a perder lo oculta.
Y me siento tiritar de frío,
y tirito de soledad,
soledad ante la viuda culpa,
y soledad en mi temeridad.
Arrepentirse de nada sirve;
llorar es una pérdida de tiempo
mas, en ocasiones, un gran alivio.

Pero ni eso me sirve ya;
la angustia me devora,
como las llamas la madera.
¡Cómo luchar cuando faltan las fuerzas!
¡Como pelear si me faltan las ganas y
la extenuación de mí se apodera!.


22 de julio de 2010

Soledad


Ayer, al verte partir,
la mitad de mi alma se fue contigo
y una soledad inmensa,
invadió la otra mitad.

Soledad porque añoro tu compañía;
soledad ante la vida que,
sin tí, dura se hace;
Soledad de mujer, esposa y amiga:;
Soledad de vacías noches
sin tu necesaria presencia.


Quisiera no extrañarte,
pero tanto es lo que te quiero,
que de extrañarte vivo, y,
anhelando tu regreso, muero.

Soledad, quizá necesaria
para así, bien valorarte.
Que duro resulta amar,
cuando te sientes tan sólo,
faltando, a tu lado,
la mitad de tí mismo.

Mas prefiero anhelarte y quererte
más si quieres, adorarte,
pues sin tu amor
no imagino mi vida.
Sin tu amor
me volvería cobarde.

8 de abril de 2010

Siento


Qué horrible la calma de mis noches,
ahora que estás ausente.
Qué soledad me embarga,
cuando, despierta, tu aliento no siento.


Esas caricias, por hoy ausentes,
que alimentan mi alma cuando regresas,
vienen hoy a mi mente, con tu recuerdo.


Y no pienso, sólo siento.
Siento tenerte tan lejos.
Siento no poder tocarte cuando, por las noches,
alargo mis brazos en nuestro lecho vacío.
Siento que te quiero y que sólo un abrazo tuyo
reconforta mi espíritu, herido por tu ausencia.


Anhelo tu regreso,
como el naúfrago anhela su barco.
Anhelo tus palabras ,
como los ríos anhelan el mar.

Y , de tanto anhelar, siento angustiada mi alma.

Y de tanto sentir, no puedo sentir nada más.

7 de marzo de 2010

Llegando al Límite

¡Hola a todos!. Después de mucho tiempo, me animo a escribir nuevamente en mi rincón. Aunque precisamente no es animada como me encuentro.

Puede decirse, que no estoy atravesando por uno de mis mejores momentos personales, de ahí el título de la entrada. Esta semana sentí que no podía más, que había llegado a mi límite y que iba a explotar.

Recordaréis no hace mucho que os hablaba de ese hombro en el que apoyarse, en tener a alguien en quien delegar un poco, aunque sólo fuera a ratos, un poco de responsabilidad. Pues mis responsabilidades siguen aumentando, y en lugar de delegar, cada vez estoy más agobiada.

Y el problema no es llevar a cabo mis responsabilidades, es que también tengo que llevar las de otros para que todo no se venga abajo, porque para alguna gente es más fácil esperar que las cosas se arreglen solas, porque siempre hay alguien detrás para echar el alto.

Pero esta semana llegué a tocar fondo, sin dormir, sin comer ordenadamente, al contrario, comiendo sin control, estallando por la más mínima tontería, sin paciencia para soportar mis cargas y casi al borde de la histeria, porque ha sido un año muy difícil , en el que he tenido que tirar de mucha gente y me he olvidado por completo de mi misma, hasta que toqué fondo claro.

Así que el jueves, ya me vi tan mal, que decidí ir al médico y tras darme unas pastillitas de la felicidad, me dio un consejo:" tienes que buscar todos los días un rato para dedicarte a tí misma."

No sabía si reírme o llorar. Casi le pregunto: "y de dónde lo saco? ¿me proporcionarías un día de 52 horas, para ver si así encuentro alguna para mí?".

La verdad que llevo un par de días un poco más tranquila, también me estoy esforzando en ello, pero hay momentos en que me gustaría ponerme a llorar y no parar hasta quedar extenuada. Estoy en esos días idiotas que la tristeza se apodera de tí y piensas: "¿nunca tendré un momento de tranquilidad para disfrutar de mis hijos y de mi vida sin poder pensar en nada más?", pues parece ser que no, al menos de momento.

Un beso a todos, y gracias por estar ahí.

26 de enero de 2010

Momentos

Hay momentos en la vida en que uno se siente solo, aún
teniendo mucha gente alrededor. A veces, la melancolía nos inunda y no podemos traspasar sus fronteras porque sentimos que, en esta vida, sólo venimos a dar. A veces, damos tanto que hasta nos olvidamos de nosotros mismos.

El problema viene cuando no sientes que eres correspondido en la entrega; cuando siento tú quien necesita apoyo, ayuda, una frase de aliento, un suspiro de ánimo, todos están demasiado preocupados con sus propios problemas y pensando en lo que de tí necesitan, pero no en lo que tú puedas necesitar de ellos.

Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, necesitamos un hombro en el que apoyarnos, en el que llorar, en el que redescubrir nuestras fuerzas. Pero ¿qué ocurre cuando ves que ese hombro que tanto esperas no está?. ¿qué pasa cuando no encuentras los hombros a los que tú tanto consuelas?.

Es entonces cuando me invade la soledad de que os hablo; a veces, sólo a veces, siento que tengo una carga demasiado difícil de llevar sobre mi espalda, y que no tengo quién me ayude a aligerarla. Siento que hay demasiada gente que me pide, que me exige y nadie que me dé. Y así, voy luchando día a día, con mis problemas y con los problemas que los demás quieren hacer míos, y así transcurre un día tras otro.

A veces, por muy optimista que uno intente ser, no hay sitio sino para el desaliento. A veces, sólo a veces, desearía pegar un puñetazo sobre la mesa y decir : "¡BASTA!. YO TAMBIÉN ESTOY AQUÍ!". A veces, sólo a veces, desearía, tan sólo por un momento, pensar en mí misma, nada más; pasarme un día entero relajando mi mente, sin pensar en nada, pero, al parecer, no tengo derecho a ello.

Yo empujo a todos; a mí no me empuja nadie. Sólo espero que no se me acabe la fuerza, las ganas de salir adelante, el deseo de luchar por ser mejor persona, porque, ese día, mi mundo se vendrá abajo.