
Esta es mi nueva adquisición: "Vértigo". Vértigo que me producen mis queridas cervicales, que rechinan como puertas oxidadas.
Parece la palabra que, en los últimos tiempos, definiría mi vida, "vértigo", "al filo de lo imposible" jajajajaja. Al menos, a veces, hasta me río de ellos.
Lo bueno es que estoy demasiado cansada para llorar, deprimirme, quejarme, o enfadarme. Para éso hacen falta fuerzas, y, ahora mismo, no las tengo. No las tengo para compadecerme de mí misma, bastante lo he hecho ya. Pero sí, para mirar hacia arriba y coger el angosto repecho con mucha gana.
El problema de fondo no ha cambiado, pero sí la forma en que yo lo afronto. Peleando, luchando, me niego a que nadie me quite las cosas que, gracias al trabajo y el esfuerzo, he ido consiguiendo en la vida; son pocas, pero son mías.
Algunas de mis amigas me dicen que, desde que he empezado a trabajar, me ha cambiado hasta la expresión de la cara, dicen que parezco otra. Incluso, una de ellas, ha llegado a decirme: "Si la cara es el espejo del alma, estás encantada de la vida".
Y es cierto. Incluso con mi nuevo inquilino, el vértigo, que ha trae hecha polvo desde hace días, y mareada como si me pasara el día y la noche embriagada; con el stress de andar todo el día corriendo de un lado para otro (que me viene bien para mis kilitos de más); deseando que todos se acuesten para tener mis cinco minutos de paz (si consigo no dormirme en el intento); con el agotamiento que, algunos días, me ataca con nocturnidad y alevosía. Aún con todo eso, me siento más feliz que en los últimos meses, siento, al menos, que estoy intentando cambiar algo, que hago frente a mis problemas, me siento útil, hasta el punto de que he cogido otro trabajito para fines de semana. Dicen por aquí que "con poquito a poquito, se hace un muchito". No sé si será cierto pero yo digo : "VÉRTIGO, ATRÁPAME SI PUEDES, JAJAJAJAJAJAJAJA"
Parece la palabra que, en los últimos tiempos, definiría mi vida, "vértigo", "al filo de lo imposible" jajajajaja. Al menos, a veces, hasta me río de ellos.
Lo bueno es que estoy demasiado cansada para llorar, deprimirme, quejarme, o enfadarme. Para éso hacen falta fuerzas, y, ahora mismo, no las tengo. No las tengo para compadecerme de mí misma, bastante lo he hecho ya. Pero sí, para mirar hacia arriba y coger el angosto repecho con mucha gana.
El problema de fondo no ha cambiado, pero sí la forma en que yo lo afronto. Peleando, luchando, me niego a que nadie me quite las cosas que, gracias al trabajo y el esfuerzo, he ido consiguiendo en la vida; son pocas, pero son mías.
Algunas de mis amigas me dicen que, desde que he empezado a trabajar, me ha cambiado hasta la expresión de la cara, dicen que parezco otra. Incluso, una de ellas, ha llegado a decirme: "Si la cara es el espejo del alma, estás encantada de la vida".
Y es cierto. Incluso con mi nuevo inquilino, el vértigo, que ha trae hecha polvo desde hace días, y mareada como si me pasara el día y la noche embriagada; con el stress de andar todo el día corriendo de un lado para otro (que me viene bien para mis kilitos de más); deseando que todos se acuesten para tener mis cinco minutos de paz (si consigo no dormirme en el intento); con el agotamiento que, algunos días, me ataca con nocturnidad y alevosía. Aún con todo eso, me siento más feliz que en los últimos meses, siento, al menos, que estoy intentando cambiar algo, que hago frente a mis problemas, me siento útil, hasta el punto de que he cogido otro trabajito para fines de semana. Dicen por aquí que "con poquito a poquito, se hace un muchito". No sé si será cierto pero yo digo : "VÉRTIGO, ATRÁPAME SI PUEDES, JAJAJAJAJAJAJAJA"