
Todo ímpetu se calma cuando,
en la noche,
observando la inocencia
de vuestros ojos dormidos,
el sosiego me invade
exorcizando mis demonios.
Pues no hay alma más pura
que la de un niño inocente.
Pues no hay mirada más sincera
que la de sus pequeñas almas.
Descansad, pues, vuestra inocencia
en almohada de hermosas plumas.
Dadme con vuestra pureza,
valentía para mis batallas.
Pues la plenitud que emana,
de vuestros ojos sinceros,
hace renacer mis fuerzas
como la primavera a las flores.
Corazones puros,
carentes de maldad.
Transparentes miradas,
de ambiciones ausentes.
Vivid sin mentiras,
vivid sin rencores.
Vivid sin conocer
los ecos de la nostalgia.
Permitiros equivocaros
como los sabios se equivocan,
pero nunca os permitáis
perder la esencia de vuestra niñez.