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19 de agosto de 2010

El Hada del Amor Eterno

En un bosque encantado, vivían tanto hadas como duendes. Cada uno se dedicaba a lo suyo.
Los duendes se encargaban de proteger a las personas, tanto cuando ingresaban en el bosque, como cuando estaban en sus casas. Las hadas, por su parte, endulzaban el aire con sus bellas canciones y revoloteos brillantes sobre las flores y los árboles.

También estaban las hadas y duendes malos, que hacían conjuros para hacer el mal, cuando eran invocados por personas que así lo quisieran.


Un día el Hada Moira (que era de las buenas), revoloteaba entre las flores y los árboles. Ella no sabía que Krull, un duende malo, la estaba espiando desde la base de un Roble, y que había quedado embelesado al verla.

Los duendes malos tenían prohibido acercarse a las hadas buenas. Krull intentó e intentó alejarse de ella, pero, su corazón, latía cada vez con más fuerza al verla. Ya estaba por irse Moira, cuando Krull la llamó desde debajo del árbol.

-"¡Hola, soy Krull!, ¿y tú?". Ella, al verlo, se asustó; pero sintió dentro suyo algo especial y le contestó: -"Soy Moira". El le pidió que bajara a la base del árbol, pero Moira recordó que no estaba permitido hacerlo. Igualmente, se acercó a él. Fué amor a primera vista, ellos no lo podían creer. Estuvieron abrazados, por largo tiempo, charlando como si se conocieran de otra vida.

De pronto, a lo lejos, un rayo cayó sobre ellos. Era la Reina de las Hadas malas, que, observándolos, pensó que era algo que no podía permitir. Ambos murieron abrazados, y, con el tiempo, al pie del Roble, crecieron dos pequeños robles entrelazados.

De ambos lados se comentaba que todos los años, el mismo día de su muerte, los robles brillaban y emitían murmullos con palabras de amor.

(Leyenda Irlandesa)