lugar en el que entre, ya sea el supermercado, el colegio de los niños, una cafetería, un parque, donde no se esté hablando, especialmente las mujeres, de la "Operación Bikini".
Es más curioso aún pensar que, en el otoño, que nos apetecen los cafelitos para aliviar el frío (y para mí si van con un pastelito o galletita mejor), las navidades, con sus turrones, mazapanes, cenas familiares... comemos de todo, pero en el fondo seguimos pensando en lo que nos va a costar adelgazarlo de cara al verano. Para lucir estupendas el bikini.
Sólo me he puesto a dieta "seria" en una ocasión: tras dar a luz a mi segundo hijo, porque tuve muchísima ansiedad y me puse como una albondiguilla, redondita redondita. Así que, muy responsable yo, me puse en manos de un profesional. Y diréis: "que responsable, mira se pone en manos de un dietista en lugar de hacer tonterías por su cuenta". Pues no señor@s. El motivo era otro bien distinto: por un lado tenía que rendir cuentas ante una persona todas las semanas, con lo cual me moriría de vergüenza llegar allí y que me dijera: "no has hecho lo que te mandé". Por otro sabía, que como me iba a gastar un dinero, no lo iba a tirar por la borda.
Durante cinco semanas fuí la alumna perfecta, no me salté la dieta ni un sólo día y, así, adelgacé nueve kilos, que estupenda me quedé, no lo sabéis bien. Pero lo bueno dura poco jajajajaja. Y después me planteé volver a dejar de fumar, y volvió la ansiedad y con ella mis ganas de comer. Además soy muy agradecida, porque no me pasa como a otras personas que o prefieren lo dulce o lo salado, no. A mí me van las dos cosas y , cuando acabo con lo dulce, empiezo con lo salado.
Ahora tengo algún kilito de más, tampoco para asustarse eh? y pienso en la operación bikini. Intento comer ordenadamente, cosas que no tengan mucha grasa, comer verduras, pero chic@s, mi fuerza de voluntad me abandona constantemente jajajajaja. Y pienso en lo que me gusta un buen potaje, un pedacito de tarta, las "tapitas del bar". Y me digo: "soy idiota, y ¿qué hay de esas señoras de sesenta y tantos y setenta y tantos que van a la playa con su pedazo de bikini y se sienten estupendas?. ¿Por qué, sobre todo las mujeres, entre unas determinadas edades, nos obsesionamos con lucir bien y eso lo asociamos a estar como sílfides? ¿Por qué no podemos ser como esas señoras, que con sus celulitis, sus arrugas, su pelo desordenado, son tan sumamente felices, y se sienten estupendamente sólo con que el sol las bañe en la playa?
Tenemos que aprender una difícil lección: aceptarnos tal y como somos. La vida es muy corta para pasarla sufriendo por el físico, porque, a fin de cuentas, en polvo nos vamos a convertir ¿no?. Disfrutemos de la vida, con nuestros kilos de más, nuestras arruguitas nuevas, con el amor de la gente que nos quiere y nos hace feliz. ¿No os parece?
Un abrazo.
