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23 de noviembre de 2011

El camino más fácil.

 Hace un tiempo, escribí una entrada cuyo título era "Seca". Así me he sentido estos últimos meses en los que no he visitado mi rinconcito.

He sentido que las palabras estaban muertas en mi interior y dudaba de mi capacidad para expresar lo que verdaderamente sentía (cosa que jamás me había sucedido).

Me he aislado de muchas cosas, quizá porque a veces, la vida, tiene momentos en los que el pensamiento pareciera retraerse, para dejar solamente paso a la acción cotidiana: hay que hacer esto, a continuación esto otro, que no se olvide aquello.... y un sinfín de cosas y situaciones que se me han venido repitiendo, diariamente, en estos últimos tiempos. Podría decirse que me he dejado llevar por las circunstancias, en lugar de controlarlas yo a ellas.

 Hace dos semanas, tomé una determinación firme y tajante: "Hasta aquí llego y de aquí no paso". Me costó llegar a este punto pero, finalmente, acordé con mi "yo interior", que nunca más un hecho será una sentencia; que nunca más una mala palabra, un mal gesto me robaría un minuto de mi pensamiento ni me causarían desazón.

Una persona sabia, me dijo recientemente: "Olvídate de todo aquello que pueda causarte daño; déjalo correr como si de una lluvia ligera se tratara; da importancia a las cosas que verdaderamente la tienen y no te disgustes por cosas que no merecen malgastar ni uno sólo minuto de tu vida".

He madurado mucho ese consejo en mi cabeza y he empezado a establecer prioridades. Hay cosas en la vida que, inevitablemente nos causan dolor; pero creo haber aprendido a desestimar aquellas que no son los suficientemente importantes para dejarme invadir por él.

Sé que mi meta es difícil de alcanzar, pero no imposible. De hecho, en los últimos días, mi actitud a ese respecto a comenzado a cambiar y podría decirse que, incluso, me siento mejor conmigo misma.

He decidido recuperar el control de mi mundo, en la medida que de mi dependa y no volver a ser una persona fácilmente vulnerable. No se trata de creerme superior, si no de saber encontrar un camino más fácil de seguir en la vida que, de por sí, ya es lo suficientemente dura.

15 de agosto de 2011

Se puede pedir más?

He comentado, en numerosas ocasiones, que el tiempo pareciera escaparse de mis manos.
Dicen que, a medida que cumplimos años, el tiempo corre más y más veloz. No sé si, realmente, existe esa relación entre ambas premisas; lo cierto es que , hace nada era invierno y estamos terminando el verano. Un verano que este año amenazaba con ser eterno. Un buen día, abrí los ojos y estábamos en agosto.

Dentro de un par de parpadeos, comenzará un nuevo curso, curso en el que mi bebé, aquel que hace tres años medía solamente 53 centímetros, se incorpora a la vida escolar de la mano de su hermano, que hace cuatro noches era otro bebé, que, en unos días, cumplirá 7 añitos ya.

No me siento envejecer, en eso tengo suerte. Sigo siendo la misma sin que pese la edad en el ánimo; que afecte a mi físico es otro tema ja ja ja. La gravedad sigue inexorablemente su curso. Es lo que tiene no disponer de un poquito de tiempo para dedicarse a uno mismo, pero, viendo todo lo que hay alrededor, no tengo motivos para quejarme.

Aunque corren tiempos difíciles, a veces muy difíciles, hay momentos en que llego a alcanzar un cierto nivel de felicidad. Voy día a día; intentando exprimir este tiempo al máximo y aunque los peques hacen que sienta ganas de tirarme de los pelos en ocasiones, en otros momentos me quedo observándolos, sobre todo cuando duermen, totalmente embobada y pienso: "yo les dí vida" y, al  acostarme cada noche me gusta pensar que, dentro de lo posible, están sanos y son felices.

Tengo una familia maravillosa: tengo unos padres que nunca me abandonan, que me levantan cuando caigo, que me amonestan (sobre todo mi madre) cuando me merezco un buen tirón de orejas y me espabilan para que no deje que la vida me trague. Tengo un hermano genial que, a sus 16 años, se preocupa más de crear música que de ir de baretas, como hacen la mayor parte de sus amigos, que me echa un cable con los niños, que siempre está ahí cuando lo necesito. Tengo un marido al que, a pesar de no poder disfrutar mucho  de él, sé que me quiere y que yo lo adoro y tengo dos hijos maravillosos, que son mi motor, la guinda de mi pastel. ¿Se puede pedir más?

28 de octubre de 2010

Sinceridad


Siempre me ha sorprendido la facilidad con la que, en cuestión de segundos, se puede desplomar el duro trabajo que había sido consolidado con el tiempo.
Siempre he sido persona de fuertes sentimientos: quiero, aprecio, estimo, ignoro, pero todo intensamente. No odio intensamente, puesto que no se odiar. Los años me han dado la madurez y la serenidad para, simplemente, apartar de mi lado todo aquello que me hace daño ya sean personas o circunstancias. Lo cierto es que, a pesar de todo, hay cosas que siguen haciéndome daño.
Me gusta la sinceridad en la gente. Creo que, con educación, la sinceridad es el mayor de los tesoros de los que disponemos las personas. Si además la acompañamos de modestia, unas gotitas de racionalidad, y coherencia, la mezcla está completa. Agitamos bien el frasco y obtenemos la clase de persona de la que me encanta rodearme. Sólo pido una cosa: poder ser con cada persona como ella es conmigo.
Siempre procuro ayudar. No me importa ser la que dé más en cualquier tipo de relación, lo importante para mí es hacer el bien, ayudar y sentirme bien y en paz conmigo misma procurando, a la vez, hacer sentir bien a los demás. Y, a veces, esto se convierte en un defecto.
En ocasiones no he sido todo lo sincera que´, quizá, sólo quizá, debiera haber sido; puede que se haya debido al miedo a perder a esa persona que en su día me importó tanto, que tanto me daña ahora. Pero, lo peor de todo, es cuando percibes en distintas situaciones, pequeños detalles cargados de significado que otros se niegan a ver. Y, por no decirlo claramente, acaban siendo dañadas terceras personas.
La vida siempre nos pone a la gente en el camino por alguna razón, dicen que te lleva un minuto conocer a alguien, dos minutos convertirlo en tu amigo, tres minutos en quererlo y luego, toda una vida en olvidarlo. Sinceramente procuro no olvidar a nadie; nunca olvido situaciones que me han dañado,pero las recuerdo sin rencor... como una advertencia de lo que puede volver a ocurrir. Aún así, salgo lastimada porque la incoherencia, la falta de humildad y el desatino siguen apareciendo por los caminos de la vida, y sabes cuando te van a detener. Aún así les haré frente con toda la sinceridad, todo el buen hacer y toda la comprensión de que soy capaz.