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22 de julio de 2011

Para tí, Andrés


Sonrisa sincera,
alma inocente.
Bella ingenuidad
a tus ojos asoma.

Manos tiernas,
de amor plenas,
tierno mi corazón,
si de besos las colma.

Dulce y plácido 
tu rostro entre sueños
espíritu libre,   
indomable inquietud.                                                                                                                                                                                      

Así eres, mi pequeño
por eso te adoro,
por ser Tú.

P. S.
                                                                                                                                                                    

1 de junio de 2010

Pequeño Gran Hombrecito

Un curso más se termina y observo, diariamente, como tus pequeñas y regordetas piernecitas se estiran y se moldean; como tu redonda carita se afina y se alarga; como me sorprendes, constantemente, con tus palabras.
Se me hace difícil recordar que, hace nada, apenas emitías algún sonido y ahora me echas cada sermón, cargado de ese razonamiento infantil, que me deja sin habla en alguna que otra ocasión.
Te observo mientras duermes y me pregunto, cuántas cosas pululan por tu linda cabecita, porque, aunque hablas mucho, dices poco y, en ocasiones, eso me preocupa. Me preocupa no poder llegar a tu interior,; me inquieta no poder acallar tus preocupaciones, que para tí, ahora, son las más graves e importantes del mundo. A veces tengo que ejercer de auténtica psicóloga, inventando juegos o trucos, para hacerte echar fuera aquello que te inquieta.
Pero, ¡eres tan especial!.¡Me has enseñado tanto!. A veces me siento culpable de no poder dedicarte tanto tiempo como, sin duda, mereces. De hecho, constantemente me reprochas que no jugamos tanto juntos, pero, algún día, entenderás las cosas, a medida que crezcas. Entenderás que no estás desatendido ni falto de cariño, sino todo lo contrario. Entenderás que te adoro más que a nada en este mundo, que daría mi vida por la tuya, estoy segura de que así será.
Entretanto, seguiré intentando dar al máximo y pedir lo mínimo. Seguiré viéndote crecer mientras te ayudo a aprender una poesía para el día de tu graduación; mientras te enseño a leer o a trocear con el cuchillo, mientras te digo: "esto esta bien, esto está mal"; mientras te estrecho entre mis brazos y mientras te digo que te quiero al acostarte.
Eres mi primer hijo y tan único y especial como el segundo. A ninguno quiero más y, en mi corazón, estáis grabados a fuego desde el día que os pensé, desde el día que os soñé; unidos por un nexo que ni todos los males del mundo nos podrán quitar. Pero a Tí, hoy, quiero dedicarte esta entrada, pues hoy necesitaba expresar mi amor por tí y cómo lamento, en ocasiones, el inexorable paso del tiempo.
Te amo pequeñín.

20 de abril de 2010

A Mis Hijos


Todo ímpetu se calma cuando,
en la noche,
observando la inocencia
de vuestros ojos dormidos,
el sosiego me invade
exorcizando mis demonios.
Pues no hay alma más pura
que la de un niño inocente.
Pues no hay mirada más sincera
que la de sus pequeñas almas.
Descansad, pues, vuestra inocencia
en almohada de hermosas plumas.
Dadme con vuestra pureza,
valentía para mis batallas.
Pues la plenitud que emana,
de vuestros ojos sinceros,
hace renacer mis fuerzas
como la primavera a las flores.
Corazones puros,
carentes de maldad.
Transparentes miradas,
de ambiciones ausentes.
Vivid sin mentiras,
vivid sin rencores.
Vivid sin conocer
los ecos de la nostalgia.
Permitiros equivocaros
como los sabios se equivocan,
pero nunca os permitáis
perder la esencia de vuestra niñez.

31 de marzo de 2010

Mis Pequeños Grandes Amores



Alegrías de mis días tristes; inquietos, revoltosos, sinceros, transparentes; mas todo lo malo del universo desaparece cuando veo vuestra carita sonreír.
Siempre fui persona de sentir intensamente, y, cuando creí haber conocido el más gran amor, llegasteis a mi vida vosotros, y me enseñasteis tantísimas cosas. Sobre todo me ensañasteis a amar con generosidad, desinterés, paciencia, pureza, sinceridad, todo eso y mucho más. Me enseñasteis el más puro y verdadero de los Amores.
Qué mal me siento cuando os veo sufrir y no puedo calmar vuestro dolor. Qué sola me siento si os tengo lejos y , a veces, qué saturada cuando tenéis vuestros días toledanos. Pero sois la sal de mi vida; sois el motor que me impulsa cuando me faltan las ganas.
Gracias por vuestras carcajadas inocentes en vuestras lindas caritas; gracias por enseñarme que la inocencia y la pureza del alma son capaces de traspasar hasta el mayor de los desalientos, gracias por ser la esencia del ser humano con vuestra transparencia y sinceridad.
Gracias a vosotros me he dado cuenta de lo verdaderamente importante de la vida. Espero saber estar a vuestro lado cuando me necesitéis; espero poder estar a la altura y que el día de mañana os podáis sentir orgullosos de mí, o al menos, que tengáis claro que todo lo que hago, lo hago pensando en vuestro bien, y en lo que creo que es mejor para que el día de mañana seáis dos hombres hechos y derechos.
Pero, ante todo, espero saber enseñaros a encontrar vuestra felicidad
Os quiero.