
Un curso más se termina y observo, diariamente, como tus pequeñas y regordetas
piernecitas se estiran y se moldean; como tu redonda
carita se afina y se alarga; como me sorprendes, constantemente, con tus palabras.
Se me hace difícil recordar que, hace nada, apenas emitías algún sonido y ahora me echas cada sermón, cargado de ese razonamiento infantil, que me deja sin habla en alguna que otra ocasión.
Te observo mientras duermes y me pregunto, cuántas cosas pululan por tu linda cabecita, porque, aunque hablas mucho, dices poco y, en ocasiones, eso me preocupa. Me preocupa no poder llegar a tu interior,; me inquieta no poder acallar tus preocupaciones, que para tí, ahora, son las más graves e importantes del mundo. A veces tengo que ejercer de auténtica psicóloga, inventando juegos o trucos, para hacerte echar fuera aquello que te inquieta.
Pero, ¡eres tan especial!.¡Me has enseñado tanto!. A veces me siento culpable de no poder dedicarte tanto tiempo como, sin duda, mereces. De hecho, constantemente me reprochas que no jugamos tanto juntos, pero, algún día, entenderás las cosas, a medida que crezcas. Entenderás que no estás desatendido ni falto de cariño, sino todo lo contrario. Entenderás que te adoro más que a nada en este mundo, que daría mi vida por la tuya, estoy segura de que así será.
Entretanto, seguiré intentando dar al máximo y pedir lo mínimo. Seguiré viéndote crecer mientras te ayudo a aprender una poesía para el día de tu graduación; mientras te enseño a leer o a trocear con el cuchillo, mientras te digo: "esto esta bien, esto está mal"; mientras te estrecho entre mis brazos y mientras te digo que te quiero al acostarte.
Eres mi primer hijo y tan único y especial como el segundo. A ninguno quiero más y, en mi corazón, estáis grabados a fuego desde el día que os pensé, desde el día que os soñé; unidos por un nexo que ni todos los males del mundo nos podrán quitar. Pero a Tí, hoy, quiero dedicarte esta entrada, pues hoy necesitaba expresar mi amor por tí y cómo lamento, en ocasiones, el inexorable paso del tiempo.
Te amo pequeñín.