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4 de julio de 2010

Parece que fue ayer

Hay que ver cómo transcurre el tiempo. Desde luego, no se detiene ante nada.

Hoy he echado una mirada, breve, al pasado, al que me ha trasladado un vídeo, el de mi boda.
Se me hace imposible pensar que, casi, han transcurrido siete años desde ese mágico momento, en que creí flotar en una nube. Y me parece increíble pensar, cuántos cambios ha habido en mi vida, en este período de tiempo.

Viendo la cara de aquella delgada muchacha, de mirada resplandeciente, temblorosa como una hoja en otoño, me parecía estar reviviendo los nervios de aquel día. Y sí, me parece que fue ayer, cuando mis pies se dirigían a aquella Ermita, cargados de ilusiones; parece que fue ayer cuando al entrar en ella vi a mi, en breve, marido, con su cara embargada por la emoción y los nervios igualmente.

Cómo me gustaría, aunque sólo fuera por un momento, volver a vivir ese día. Un día que tuve el placer de compartir con las personas que más han significado para mí, las que más he querido, y las que han estado a mi lado en buenos y malos momentos...Lo compartí con mis padres: él todo orgulloso con su hija agarrada a su brazo, muerto de nervios, no sé si por simpatía o por la situación de ser quien me entregaba a mi nueva vida; ella elegante como nunca, emocionada como nunca, feliz por mí como no podía esperar otra cosa de mi madre. Lo compartí con mi, por aquel entonces, pequeño hermanito de ocho años. Él sí que iba nervioso con los anillos en un cojín, pensando en no caerse, vestido como si fuera un clon de mi padre: él quería ir con su traje azul como mi padre, con su flor en la solapa y sus zapatos de cordones. Estaba para comérselo y se lo pasó como los indios. Lo compartí con mis familiares, unos más allegados que otros, con mis amigos, con mi gente, en definitiva. Me faltaron algunos, por circunstancias de la vida, y los eché de menos, por supuesto, pero sé que sus corazones, ese día, estaban conmigo.

Por otro lado, me entristece pensar que en ese vídeo mágico, aparecen personas que hoy ya no nos acompañan, como mis abuelos, pero así es la vida; un día seré yo la que falte.

Me ha gustado verlo; me ha gustado ver lo que he conseguido, emocionalmente, en estos casi siete años. ¡Tengo una familia, mi familia!, algo que siempre soñé desde niña, pues no tuve una infancia ni adolescencia felices, ni fáciles. Pero, afectivamente, mi etapa de adulta, me está recompensado con creces de todas las miserias vividas, y de todas las tristezas. Sobre todo mis hijos, ellos son mi recompensa diaria, mi enganche, mi motor.

Espero que lo que me reste de vida, sea lo que sea, siga, a pesar de los tropezones siendo igualmente bonito que lo vivido hasta ahora.




1 de julio de 2010

Peces de Colores


Hermosos peces arriban a mi orilla,
temerosos de atacar la mar.
Sufridores al pensar en sus profundidades.
Tímidamente se acercan a mi hogar,
allí donde la arena es muy profunda.
A veces, habito a la orilla del mar.
En ocasiones, con las penas,
mi larga cola me hace nadar mar adentro.
Pero siempre van a mi vera,
los peces de colores,
incansables de mi compañía,
incesantes en su altruísmo.
A mis rocas llegan conchas de muchos colores,
aportándole hermosura a mi vida,
y magia en los momentos amargos.
Qué sería de mis olas,
sin mis peces compañeros,
llegados de mil lugares.
Que sería de mi espuma,
sin su incondicional cariño.
Gracias peces y conchas de colores,
algunos de tierra seca, que no árida.
Gracias por el amor sincero,
que, ahora, me es indispensable.
La resaca se lleva mis peces y mis conchas,
más tranquila duermo porque,
al amanecer, con un simple aleteo de mi cola
las volveré a encontrar en la orilla.

15 de junio de 2010

¡Ya Somos Mayores!.



Así se despedían esta mañana un grupo de pequeñitos, de cinco años, en su fiesta de graduación. Una fiesta en la que he tenido la inmensa suerte de poder participar, y formar parte de un evento que tanto ha significado para mi hijo.
Obviamente, no publico su foto, porque es un menor, pero si me gustaría contaros como su carita rebosaba felicidad, porque hoy se sentía un niño muy importante y feliz.
Como no podía ser de otra forma, cantaron una canción, con pompones en la mano, sobre todos los colores. A él le tocaba decir la frase "gris la lluvia cuando va a llover", pero su cara distaba mucho de ser gris, irradiaba alegría y emoción.
Posteriormente tenía que decir en pocas palabras, lo que había aprendido a lo largo de sus tres años en Educación Infantil, y como un manojo de nervios, y previo suspiro, recitó con claridad: "he aprendido canciones, poesías casi mil, adivinanzas y números, a jugar y a reír". Nunca me he sentido más orgullosa de algo, ni tan feliz. Era mi hijo, mi chiquitín, que hace tres años, lloraba a mares cada vez que tenía que entrar en el colegio, porque quería que su madre entrara con él. Aquel casi bebé, que de pronto, creció y hoy le decía cantando a su tutora "Adiós, ya somos mayores".
El acontecimiento fue emotivo, no podía ser de otra manera, pero tuve el gusto de sorprender a su profesora dedicándole unas palabras en nombre de las madres de sus alumnos. Palabras que tuve el honor de escribir, y de recitar a pesar de los nervios, pues parecía yo la que se graduaba. Quería hacerlo bien, porque, si bien mi hijo, hoy deseaba que me sintiera orgullosa de él, yo esperaba lo mismo. Pues él fue el primer sorprendido de ver que su madre, de repente, irrumpía en el escenario y se ponía a hablar.
Su profesora, a la que sin duda echaremos de menos, se emocionó y, en ese momento, todas nos sentimos orgullosas de haberla conocido, y haberla tenido como maestra. Es un ser especial, sin duda, que ha trabajado duramente, pues nuestro grupo no ha sido nada fácil de llevar.
Mi hijo parecía un adulto, con ese birrete, y aquella banda con el emblema de su colegio. Estaba orgulloso porque había reunido en su honor a sus cuatro abuelos y a una tía postiza, que es como una segunda madre para mí. El tiempo pasa pronto, y hoy me he dado cuenta de que estos tres años han pasado a la velocidad de la luz. Que mi niño se hace mayorcito y que, dentro de nada será quién me diga: "Mamá, ya soy mayor."

8 de junio de 2010

Dicen



Dicen que puedo ser
todo lo que quiera ser.
Dicen que puedo tener,
todo lo que quiera tener.
Dicen que no me canse,
que le pida más a la vida,
pero, ¿quién les dice a ellos
que lo que tengo es bastante?
No soy de grandes afanes,
lujos ni vanidades.
La pureza de un alma me colma
La verdad de un espíritu me satisface.
Pobres gentes que tan sólo
ansían bienes terrenales.
¡Ay de aquellos que necesitan
riquezas y oropeles
para alimentar su ego,
de tanto decir se olvidan,
que quienes deben escuchar
SON ELLOS!.

16 de mayo de 2010

Para Siempre


Fiel amiga a tí te escribo
Tu consuelo siempre está;
Igual tus sabias palabras.
Haces que todo tenga sentido,
cuando acecha la desesperanza.
Siempre pendiente de un silbido
o del deshoje de una margarita.
Siempre presente el duendecillo,
que en la tempestad me cobija.
Aires templados presiento
mas, si tornado se volvieran,
no dudo de la compañía que,
siempre sabia, me aconseja.
Cantos de sabios de un "hada".
Ecos de bondad.
Dar sin pedir nada a cambio,
Esa y sólo esa es tu verdad.
Largo camino me espera
y en tu grata compañía,
cruzaré mil y un fronteras,
llegando hasta "Andalucía".
Mas si en el camino perdiera
el sentido de mi rumbo,
"mirando al mar" te recuerdo
y vagaré por el mundo.