Sueños de Semilla



En el silencio de mi reflexión, percibo todo mi mundo interno, como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante, pero también pletórica de potencialidades.


...Y veo, en sus entrañas, el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo.



En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después. Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y frutos, para poder dar lo que tienen que dar.


Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas, como son los sueños secretos.


Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas... para convertirse en árboles.


Arboles magníficos y orgullosos que, a su vez, nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos las sabiduría de nuestros sueños de semilla.


Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta.


Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez cegadora.


Y, así, crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos...y, un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas, que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.


Nada hay que temer, una sabiduría interior las acompaña, porque cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol.
Cuento de Jorge Bucay

Momentos

Hay momentos en la vida en que uno se siente solo, aún
teniendo mucha gente alrededor. A veces, la melancolía nos inunda y no podemos traspasar sus fronteras porque sentimos que, en esta vida, sólo venimos a dar. A veces, damos tanto que hasta nos olvidamos de nosotros mismos.

El problema viene cuando no sientes que eres correspondido en la entrega; cuando siento tú quien necesita apoyo, ayuda, una frase de aliento, un suspiro de ánimo, todos están demasiado preocupados con sus propios problemas y pensando en lo que de necesitan, pero no en lo que tú puedas necesitar de ellos.

Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, necesitamos un hombro en el que apoyarnos, en el que llorar, en el que redescubrir nuestras fuerzas. Pero ¿qué ocurre cuando ves que ese hombro que tanto esperas no está?. ¿qué pasa cuando no encuentras los hombros a los que tú tanto consuelas?.

Es entonces cuando me invade la soledad de que os hablo; a veces, sólo a veces, siento que tengo una carga demasiado difícil de llevar sobre mi espalda, y que no tengo quién me ayude a aligerarla. Siento que hay demasiada gente que me pide, que me exige y nadie que me dé. Y así, voy luchando día a día, con mis problemas y con los problemas que los demás quieren hacer míos, y así transcurre un día tras otro.

A veces, por muy optimista que uno intente ser, no hay sitio sino para el desaliento. A veces, sólo a veces, desearía pegar un puñetazo sobre la mesa y decir : "¡BASTA!. YO TAMBIÉN ESTOY AQUÍ!". A veces, sólo a veces, desearía, tan sólo por un momento, pensar en mí misma, nada más; pasarme un día entero relajando mi mente, sin pensar en nada, pero, al parecer, no tengo derecho a ello.

Yo empujo a todos; a mí no me empuja nadie. Sólo espero que no se me acabe la fuerza, las ganas de salir adelante, el deseo de luchar por ser mejor persona, porque, ese día, mi mundo se vendrá abajo.

Optimista? Sí, Gracias



Hoy, no sé muy bien la razón y no me voy a molestar en encontrarla, estoy de muy buen humor. Es uno de esos días en que, sin saber por qué, me siento optimista (cosa realmente extraña en mí) y tengo que confesaros, que, ayer me dormí con una sonrisa en los labios.


Parece que el abandonar el tabaco, a pesar de los nervios y de algún kilito de más, me está sentando muy bien.


Ayer, no hice nada especial, más bien tuve una tarde de locos, porque mis enanos, decidieron convertir el salón en un ring de boxeo y ¿adivináis quién hacía de árbitro en las peleas? Exacto, yo. No podía estar sentada ni cinco segundos porque a la mínima se estaban encabritando el uno con el otro...Así que, en realidad, estaba exhausta.


Pero, al acostarme, me tomé un momento para pensar y reflexionar sobre mi vida. y llegué a una conclusión verdaderamente importante: SOY AFORTUNADA. A pesar de que, como todos los demás, tengo problemas, si me paro a pensar en todo lo que nos rodea, viendo los desastres como los acontecidos recientemente en Haití, viendo simplemente a mucha gente que hay a mi alrededor, soy MUY AFORTUNADA, os diré por qué.


Tengo un techo que me cobija y que, sin ostentaciones, porque nunca he tenido dinero para ellas ( jajajajaj) me gusta porque lo tengo gracias al esfuerzo. No me falta comida que llevarme a la boca, mi marido me hace feliz y tengo dos hijos fantásticos, que, con sus pequeños achuchones y sustos, son fuertes y sanos y me hacen sentir necesitada y querida. Tengo amigos que me quieren y me apoyan, tanto los cercanos, como mis niñas boleras y blogueras, y tengo salud para disfrutar de todo ello. ¿Qué más puedo pedirle a la vida? ¿Tengo derecho a pedir más? ¿qué más necesito?. NADA. Creo que, con todo lo que os acabo de relatar, soy una de las personas "más ricas" de este mundo. Así que, desde hoy, prometo intentar ser más positiva. Intentar mantener el optimismo con el que hoy me he levantado y aprender de esas otras personas que con muchos y más graves problemas que los míos, se enfrentan a la vida con tesón y valor. Y ante todo, voy a intentar vivir mi día a día, sin pensar en lo que pueda suceder mañana.

La Ansiedad, el Tabaco y Yo.

¡Hola a todos!.
Hoy entro en mi rinconcito, para haceros saber cómo me siento después de tres días sin probar el tabaco : MUY HISTÉRICA Y MUY IDIOTA. Os lo explicaré:

En primer lugar me siento muy HISTÉRICA por los síntomas que, algunos de vosotros ya conocéis por haber abandonado el mal hábito de fumar: la ansiedad, el nerviosismo, las ganas de subirte por una pared. La verdad es que lo estoy pasando bastante mal.

¿Que por qué me siento IDIOTA ?, Porque ya había pasado por esto una vez, y aún así recaí. El pasado día 11 de enero (mi primer día sin tabaco) se habrían cumplido mis seis años de ex-fumadora, de no ser, porque en abril del pasado año, tomé la estúpida decisión de volver a fumar. ¿Qué excusa me puse para hacerlo? Los nervios que, la cantidad de problemas que se nos empezaron a acumular en aquella época, me provocaron.

Llevaba cinco años enteros sin fumar. Lo había dejado al enterarme de que estaba embarazada de mi hijo mayor, y, aunque ya lo había intentado en otras ocasiones, con resultado fallido, en aquella ocasión sabía que no sería así, porque lo hacía por beneficiar a alguien que me importaba más que yo. Siempre pensé que cuando se acabara la lactancia volvería a fumar, pero aguanté "el mono" y no fue así; además como tenía claro que iba a tener más hijos pensé, "para qué volver si luego tengo que volver a pasar por todo esto". Así conseguí estar cinco años sin fumar.

Pero el pasado año, dejé que la vida me controlara a mí, en lugar de controlarla yo. No supe aguantar la gana, en un momento determinado y aquí estoy. nuevamente pasándolo fatal.
Sólo llevo tres días sin fumar, pero me parecen tres años. Como esta claro que yo misma no soy suficiente motivación para dejarlo intento pensar otras: ya no pienso que cuando mis hijos me dan un beso les huele a tabaco, no tengo que oír al mayor, cada vez que enciendo un cigarro decirme que no quiere que fume. (bueno, eso en la calle, porque en casa sólo hay un rincón donde se fuma, que es el balcón de la cocina y con la puerta cerrada a cal y canto). Pero no me siento bien. Estoy nerviosísima, grito, me cabreo, me desespero, pienso en que todo este malestar se acabaría si encendiera un cigarrillo, pero sé que no es así, porque luego, empezaría a pensar en que tengo fatal los bronquios, en que me ahogo, que si el cáncer, que si no veré crecer a mis hijos (porque ya en una ocasión me había dicho una neumóloga que no me iría nada bien con los bronquios si seguía fumando, porque me ahogaba mucho).

Pero ¿por qué no consigo quitarme esa maldita caja rectangular de la cabeza?. A veces pienso que necesitaría aquí a Mercedes Milá recordándome a cada segundo lo malo que es. Encima tengo la desventaja que todas las personas que me rodean fuman. Y las pocas que no lo hacen son a las que menos veo, por cuestiones de lejanía.

Como veis estoy en horas de bajón, y encima me siento aún peor porque me da por comer como una poseída: chocolates, kikos, todo lo que pille en la cocina.. No sé si seré capaz esta vez, se me está haciendo muy cuesta arriba. Pero siempre cabe pensar que "SIN INTENTO NO HAY FRACASO".

Un saludo limpio de humo para todos

El Triple Filtro de Sócrates



El otro día llegó a mi correo electrónico un e-mail, que me hizo reflexionar mucho sobre la importancia que, en demasiadas ocasiones, damos a las historias que sobre nuestros amigos nos vienen contando otros amigos. Y este "cuento de Sócrates" me hizo darme cuenta de que, muchas veces, tendríamos que filtrar de verdad todas esas historias y comentarios para no dejarnos llevar por malos entendidos y, me pareció tan cierto, que quiero compartirlo con vosotros:

Un buen día, un conocido se encontró con el filósofo Sócrates y le dijo: "¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?".

-"Espera un minuto. -replicó Sócrates- Antes de decirme nada, quisiera que pasaras un pequeño examen: el del Triple Flitro".

-"¿Triple Filtro?" -preguntó el otro- "Correcto." -contestó Sócrates- "Antes de que hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir, por eso lo llamo el EXAMEN DEL TRIPLE FILTRO; el primer filtro es el Filtro de la Verdad: ¿estás totalmente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

No...! -dijo el hombre- realmente sólo escuche sobre eso y...."

-"Bien -dijo Sócrates- ahora permíteme preguntarte por el segundo filtro: el Filtro de la Bondad: ¿es bueno lo que vas a decirme de mi amigo?"

-"No, por el contrario......."

-"Bien, entonces deseas decirme algo malo de él, pero no estás seguro de que sea cierto; pero aún podría querer escucharlo, ya que queda un tercer filtro: el Filtro de la Utilidad. Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

-"No, la verdad es que no"

-"Bien -concluyó Sócrates"- Si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno e incluso no me es útil.... ¿para qué iba yo a querer saberlo?.


La Tristeza y la Furia




En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar o, quizás, donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta..

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.

Había una vez un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse, haciéndose mutua compañía, la Tristeza y la Furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y, desnudas, las dos entraron al estanque.
La Furia, apurada (como siempre está la Furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...

Pero la Furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la Tristeza.

Y así, vestida de Tristeza, la Furia se fue.
Muy calma y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la Tristeza terminó su baño y, sin ningún apuro (o, mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la Tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la Furia.

Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la Furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia, que vemos es sólo un disfraz y que, detrás del disfraz de Furia, en realidad, está escondida la Tristeza.

La Verdadera Amistad


No todas las personas tenemos el mismo concepto de la amistad. Algunos tienen un concepto muy amplio: amigos de copas, amigos del trabajo, amigos de hobbies; no es mi caso. Mi concepto de amistad se podría englobar, entre otras, en una frase muy célebre:
"Un amigo es el que se queda cuando todos los demás se han ido"
y eso es totalmente cierto: los verdaderos amigos los descubres en los momentos difíciles de la vida.

No me avergüenza reconocer que, me he llevado sonoras decepciones en lo que a la amistad se refiere. Lo cierto es que tengo un problema, cuando tengo un amigo, considero que es un tesoro, alguien a quien mimar, querer, apoyar, animar, hacer reír, y ésto realmente es un problema cuando la otra persona no tiene la misma idea de amistad que tú y tardas en darte cuenta demasiado tiempo. Es más, no te das cuenta hasta que se olvida de que eras su amigo. Hubo una persona en cuestión, una compañera de instituto, que siempre estaba sola porque no tenía amigas, y , cuando la conocí no dudé ni un minuto en invitarla a salir con mi grupo de amigas; accedió encantada, y con el paso del tiempo se fraguó una amistad tan fuerte, al menos por mi parte, que la consideraba mi hermana del alma. Hasta que escogió, poco a poco, a otro tipo de gente más acorde con su posición económica, con su forma de vestir, y con unas ideas un poco locas de lo que hay que hacer en la vida. Así pues, se olvidó de mí, porque yo no era tan moderna ni divertida.
Me dolió, me dolió mucho y con el pasar de los años nos reencontramos en la Facultad, y , como soy medio tonta, le dí otra oportunidad y ¿sabéis qué pasó? lo mismo de la vez anterior, pero el dolor era el doble de grande. Primero por la nueva decepción, y segundo porque me sentí como una idiota por volver a fiarme de esa persona.

Pero la vida te va formando; pasito a pasito vamos aprendiendo,
y nos vamos haciendo más cautos cuando hablamos de amistad.
No porque una gente la conozcas de toda la vida es más amiga que una persona a la que hayas conocido recientemente.
Hace apenas unos días, me he llevado el mayor susto de mi vida. Y cual fue mi sorpresa, que, mis amigos más recientes, eran de las personas más preocupadas por la salud de mi chiquitín que , incluso, gente de su propia familia. A todas esas personas quiero darles las GRACIAS, GRACIAS ETERNAS, porque no os imagináis el efecto que me han hecho vuestras frases leídas en el momento justo. Eso son auténticas amistades para mí: las que en momentos difíciles tienen un minuto para pensar en cómo estarás, en qué te estará ocurriendo.
Ellas saben perfectamente quienes son y no tengo que dar más explicaciones.
En cuanto a mí prefiero seguir siendo la amiga que soy con mis amigos: procuro estar si me necesitan, animarlos si están tristes, apoyarlos en momentos difíciles, dándoles toda la ayuda que les pueda prestar, aunque ello me suponga seguir llevando alguna decepción que otra. Prefiero ser la decepcionada a ser la que causa decepción.

Annus Horribilis

Ahora que llega la Navidad y con ella mi melancolía inexplicable por estas fechas, me he puesto a repasar todas las cosas que me han ocurrido a lo largo de este año, y que me han hecho la vida un poco cuesta arriba. La verdad, es que ha sido un año de preocupaciones, agobios, problemas económicos, más preocupaciones..... en definitiva ¡Horrible!
Todo empezó en el mes de Marzo, cuando mi marido, por un capricho de su jefe, se quedó sin empleo; por supuesto era un despido improcedente y el jefe así se lo reconocía, pero el susodicho, no sólo no quería pagarle las últimas nóminas de su trabajo, sino que tampoco quería pagarle la indemnización correspondiente porque, según él, no tenía dinero. Como se le dijo, los que no teníamos dinero éramos nosotros, que bastante teníamos con dos niños (uno bebé aún), la hipoteca, el coche, recibos, comida) y que no nos podíamos permitir el no cobrar. Al final, tuvimos que acabar denunciándolo, ya que si no, tampoco nos pagaría el Fondo de Garantía Salarial, así que encima de no tener un duro, lo poco que había hubo que dárselo a abogados, y parecía que aquello iba a durar una eternidad.
Para colmo de males, por esas fechas empezaron los problemas de salud de mis chiquitines. El mayor, que siempre padeció de la barriga, desde bebé, empezó a tener sangrados muy fuertes cada vez que iba al baño, y ahí empezó mi tremendo desasosiego, porque mis abuelos paternos murieron de cáncer de colon y de cáncer de estómago y, mi hijo, no parecía mejorar con los tratamientos que le daba el pediatra, así que me lo tuvieron que mandar al especialista en digestivo infantil. Los días que pasaron hasta que por fin nos vio me parecieron eternos; era un sin vivir pensando en la más remota posibilidad de que mi hijo hubiese heredado algo de las enfermedades de mis abuelos. El de digestivo tras examinarlo, me dijo que si con las pautas que me daba no mejoraba, me tendría que plantear hacerle una colonos copia...... PUFFFFF se me vino el mundo encima, pero gracias a dios mejoró. No es que esté bien del todo, porque cada dos por tres se queja pero está mucho mejor y los sangrados no se han vuelto a repetir.
Cuando acabamos con el mayor, empezó el pequeñín. Un día lo llevé al pediatra, porque se había pasado la noche con fiebre y echando las manos a los oídos y me dije: "otitis". Así fué, tenía una otitis bestial, pero lo gordo fue cuando me dijo el médico: "Ahora mismo está teniendo una Crisis Asmática.". "¿Perdone?"- le dije yo. "Pero si no es asmático." Pues eso, al parecer era lo de menos, tenía una crisis y si con lo que él le iba a hacer allí no mejoraba lo tendría que llevar por Urgencias al Hospital. Vamos, que os podéis imaginar el temblor de piernas que me dio: lo llevaba por una otitis y acababa en un Hospital?. Por suerte reaccionó a las medidas del pediatra y ahora los inhaladores son parte activa de mi familia....
A finales de primavera, mi marido empezó las gestiones para intentar entrar como socio en la Cooperativa donde llevaba años trabajando. Luchamos como posesos para que nos dieran el crédito necesario, que nos negaron en tropecientos mil bancos, hasta que dimos con uno que nos lo dio; el trabajo que costó encontrar un trailer que se ajustara a nuestro crédito......meses de búsqueda, de descartes, de decisiones.... Y cuando por fin lo tenemos todo, va su ex jefe y se dedica a recoger firmas de otros socios, con mentiras y embustes, para intentar impedir que entre. Mirad, fueron unos meses horribles, de angustia, llamadas de teléfono constantes de otros socios dándonos ánimos, que si ahora una Asamblea, que si presentamos recursos, puffffff el peor verano de mi vida.
Por fin, la justicia vio la luz y a día de hoy ya sólo nos quedan algunos trámites burocráticos para que todo empiece a funcionar. Pero mi marido siempre recordará este verano por el insomnio, los nervios, falta de apetito, malhumor, y claro, la que escribe tirando por el carro meses y meses y meses.
Y claro, a todo esto hay que sumarle mis dos operaciones. La de Junio, que me operé el hombro derecho por un problema degenerativo, que parece va remitiendo, pero que menudo susto me llevé cuando estaba en la sala de reanimación cuando siento decir: "le está bajando mucho el pulso y en la operación estaba bien....... Atropinaaaaa" Aquello parecía Hospital Central.La verdad que pasé bastantes dolores y fue un poco lento, pero bueno, el hombro no me cayó. Y luego, en septiembre, la que ya conocéis de las piernas.....que ¡cómo no! también tuvo su pequeña complicación: se me infectó el corte de la ingle y se me puso un hematoma y una inflamación que no podía ni aguantar el roce de la ropa.....vamos, para llorar.
Así que, para terminar y no aburriros más, sólo espero que el año que viene sea un poquito mejor. Ya no pido un ¡añazo! sino simplemente que pueda tener una vida un poco más tranquila y sin tantos sobresaltos y agobios como éste.
Saludos a todos y os prometo que mi próxima entrada será más alegre, pero hoy necesitaba desahogarme.
Gracias.


El Verdadero Valor del Anillo


Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.

-"Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?"

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-"¡Cuánto lo siento muchacho; no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y, después, tal vez te pueda ayudar".

-"Encantado Maestro"- titubeó el joven, pero sintió, otra vez, que era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-"Bien". -asintió el maestro- Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de su mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: "Toma el caballo que está allí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas."

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes; éstos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Unos reían, otros volteaban la cara y sólo un viejecito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

Después de ofrecer su joya -a más de 100 personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.

-"Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata , pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-"¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo!". Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas; vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-"Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo!.

-"¿¿¿¿¿¿¿¿58 monedas?????? -exclamó el joven-.

-Sí, -replicó el joyero- sé, que con el tiempo, podríamos obtener por él cerca de 70 pero no sé, si es urgente.....

El joven corrió a casa de del maestro emocionado a contarle lo sucedido.

-"Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo-.TU ERES COMO ESE ANILLO: una JOYA ÚNICA Y VALIOSA. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?"

Y diciendo esto, volvió a colocarse su anillo.

(Adaptación del cuento de Jorge Bucay)

Mi Madre, Mi Vida.



¿Hay un amor más puro que el que una madre siente por sus hijos?. ¿Hay un amor más sincero, altruísta y desinteresado? Hay muchas clases de amores: el amor hacia un amigo, el amor hacia el marido o la mujer, el amor hacia la familia...... Pero creo, que ninguno es tan grande como el que una madre tiene a sus hijos. Un amor tan grande, que lo mínimo que haría sería dar la vida por tí.

Cuando era pequeñita, el miedo más grande que tenía era que mi madre pudiera faltarme algún día y todo el mundo me decía:"eso lo dices ahora, que eres una niña, cuando seas mayor pensarás de otra manera, tendrás otras preocupaciones, y no vivirás tan pendiente de tu madre".

Puedo deciros que, a día de hoy, con mis 33 años, sigo sintiendo lo mismo por mi madre, a pesar de no vernos constantemente, ni depender de ella, a pesar de que yo atiendo mi vida, y ella la suya... Sigo teniendo temor a perder ese referente tan importante para mí, uno de los pilares básicos de mi vida, porque si hoy soy como soy, si tengo fuerza para salir adelante cuando tengo un problema, si tengo coraje para sacar a mis niños adelante con las dificultades de la vida, si sé querer a mis dos hijos por encima de todo y de todos, todo eso se lo debo a ELLA que me enseñó a ser como soy. Me enseñó a tener respeto a las personas, me enseñó a luchar, y no hizo falta que me diera discursos, ni clases de cómo hacerlo; simplemente observarla a lo largo de toda mi vida es la mayor lección que puede darme.

No sé si algún día mi madre leerá esta entrada, supongo que no, porque la informática y la tecnología no son para ella, ni siquiera le gustan los móviles, pero desde aquí quiero decirle que la quiero y que soy consciente de que le debo todo lo que soy.

Te quiero mamá.

Volver al inicio Volver arriba A CORAZÓN ABIERTO. Theme ligneous by pure-essence.net. Bloggerized by Chica Blogger.