
Hace tres años, tuve la grandísima suerte de conocerte.
Así, como por azar, llegaste a mi vida a través de una simple pregunta. Y tuve la ocasión de conocer a una persona tan distinta a mí, y, a la vez, tan parecida.
Ninguna tuvo una infancia fácil. Ambas sufrimos más de lo que cualquier niño debería sufrir. Ambas pasamos por nuestra infancia, conociendo cosas, que deberían estar prohibidas a esas edades. Quizá por eso, conseguimos entendernos bien.
Tú tan tranquila, yo tan acelerada. Tú tan despreocupada y yo no tanto. Tú tan segura de tí misma, no te haces una idea de las cosas que aprendo de tí. No te haces una idea de lo que admiro tu templanza, tu valentía.
Sí amiga, eres una valiente. Y ahora que una asquerosa enfermedad habita en tí, tengo miedo de perderte. Llevas un año luchando como un guerrero; luchando porque la enfermedad no pueda contigo; luchando porque cuando todo parece ir tomando forma, nuevos acontecimientos te ensombrecen.
Aun así, te permites ser feliz, disfrutar de la compañía de tus amigas, de nuestras risas en nuestro café, de esta amiga tan payasa que disfruta diciendo tonterías para ver una sonrisa aflorar en tu boca. Porque verte reír significa que estás viva. Porque si te veo llorar, también significa que estás viva. Porque eres tan imprescindible para mí...
A veces no sé qué decir, para aliviar tu angustia; me gustaría tener un remedio mágico que te curara, para que sigas muchos años disfrutando de tus dos pequeños, de tu marido, de la vida que ahora tienes y que tanto te mereces. Me gustaría echarme a dormir, y al despertar que todos tus males se hubieran ido. Pero, por desgracia, eso es imposible.
Sabes que cuentas conmigo, incondicionalmente. En todo lo que pueda, aquí estoy. Si te caes, yo te intentaré levantar, si ríes reiré contigo, si lloras, lo haré contigo. Te queda una gran lucha, la peor; pero quiero que sepas que yo aquí estaré. No tengo pensado moverme de tu lado. Aquí estaré para intentar alegrar tus días tristes o para disfrutar de tus días alegres.
Te mereces lo mejor, te mereces salir de todo esto porque, ya que no has tenido una vida dichosa primero, ahora debes tenerla; porque la vida, no puede ser tan injusta. No ha podido darte tantos años de desdicha y tan pocos de felicidad.
Eres fuerte, inteligente, luchadora sin medida, y no me cabe la menor duda, de que te mereces el final feliz que todos deseamos. Porque eres un punto de inflexión en nuestras vidas, porque nos das, cada día, clases de fortaleza y coraje, sin saberlo. Porque eres especial. Por eso te digo, Vanessa, que te quiero y espero tener a mi disposición muchos días para disfrutar contigo de esta vida, que a tu lado se hace más llevadera.
Un beso.