
teniendo mucha gente alrededor. A veces, la melancolía nos inunda y no podemos traspasar sus fronteras porque sentimos que, en esta vida, sólo venimos a dar. A veces, damos tanto que hasta nos olvidamos de nosotros mismos.
El problema viene cuando no sientes que eres correspondido en la entrega; cuando siento tú quien necesita apoyo, ayuda, una frase de aliento, un suspiro de ánimo, todos están demasiado preocupados con sus propios problemas y pensando en lo que de tí necesitan, pero no en lo que tú puedas necesitar de ellos.
Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, necesitamos un hombro en el que apoyarnos, en el que llorar, en el que redescubrir nuestras fuerzas. Pero ¿qué ocurre cuando ves que ese hombro que tanto esperas no está?. ¿qué pasa cuando no encuentras los hombros a los que tú tanto consuelas?.
Es entonces cuando me invade la soledad de que os hablo; a veces, sólo a veces, siento que tengo una carga demasiado difícil de llevar sobre mi espalda, y que no tengo quién me ayude a aligerarla. Siento que hay demasiada gente que me pide, que me exige y nadie que me dé. Y así, voy luchando día a día, con mis problemas y con los problemas que los demás quieren hacer míos, y así transcurre un día tras otro.
A veces, por muy optimista que uno intente ser, no hay sitio sino para el desaliento. A veces, sólo a veces, desearía pegar un puñetazo sobre la mesa y decir : "¡BASTA!. YO TAMBIÉN ESTOY AQUÍ!". A veces, sólo a veces, desearía, tan sólo por un momento, pensar en mí misma, nada más; pasarme un día entero relajando mi mente, sin pensar en nada, pero, al parecer, no tengo derecho a ello.
Yo empujo a todos; a mí no me empuja nadie. Sólo espero que no se me acabe la fuerza, las ganas de salir adelante, el deseo de luchar por ser mejor persona, porque, ese día, mi mundo se vendrá abajo.