
Alegrías de mis días tristes; inquietos, revoltosos, sinceros, transparentes; mas todo lo malo del universo desaparece cuando veo vuestra carita sonreír.
Siempre fui persona de sentir intensamente, y, cuando creí haber conocido el más gran amor, llegasteis a mi vida vosotros, y me enseñasteis tantísimas cosas. Sobre todo me ensañasteis a amar con generosidad, desinterés, paciencia, pureza, sinceridad, todo eso y mucho más. Me enseñasteis el más puro y verdadero de los Amores.
Qué mal me siento cuando os veo sufrir y no puedo calmar vuestro dolor. Qué sola me siento si os tengo lejos y , a veces, qué saturada cuando tenéis vuestros días toledanos. Pero sois la sal de mi vida; sois el motor que me impulsa cuando me faltan las ganas.
Gracias por vuestras carcajadas inocentes en vuestras lindas caritas; gracias por enseñarme que la inocencia y la pureza del alma son capaces de traspasar hasta el mayor de los desalientos, gracias por ser la esencia del ser humano con vuestra transparencia y sinceridad.
Gracias a vosotros me he dado cuenta de lo verdaderamente importante de la vida. Espero saber estar a vuestro lado cuando me necesitéis; espero poder estar a la altura y que el día de mañana os podáis sentir orgullosos de mí, o al menos, que tengáis claro que todo lo que hago, lo hago pensando en vuestro bien, y en lo que creo que es mejor para que el día de mañana seáis dos hombres hechos y derechos.
Pero, ante todo, espero saber enseñaros a encontrar vuestra felicidad
Os quiero.