7 de septiembre de 2010

Miedo


Miedo a no saber.
Miedo del propio miedo.
Vacío mi interior y
me siento estremecer.
Vidas paralelas añoro,
vidas que nunca serán mías,
más si mías las imagino,
quizá renazca de mis cenizas.
Turbios despertares me aguardan,
faltos de cariño, amor y, sin embargo,
plagados de incomprensión.
Y, así, deliro entre el temor;
los negros augurios me ahogan;
un pequeño amanecer quisiera surgir,
mas el miedo a perder lo oculta.
Y me siento tiritar de frío,
y tirito de soledad,
soledad ante la viuda culpa,
y soledad en mi temeridad.
Arrepentirse de nada sirve;
llorar es una pérdida de tiempo
mas, en ocasiones, un gran alivio.

Pero ni eso me sirve ya;
la angustia me devora,
como las llamas la madera.
¡Cómo luchar cuando faltan las fuerzas!
¡Como pelear si me faltan las ganas y
la extenuación de mí se apodera!.


2 de septiembre de 2010

Para Tí, Sue.

Hace poco tiempo que he tenido el gusto de conocerte, y, sin duda, has marcado mi vida para siempre. La has marcado porque eres un ejemplo de superación ante la adversidad, tan grande, que dudo mucho que, cada persona que te haya podido conocer, no te admire.

Tienes la sabiduría de una anciana, a pesar de tus 33 años; la sensibilidad de un bebé, para captar el dolor ajeno y la capacidad inagotable de comprensión y entrega a los demás.

Y, desde mi rinconcito te quiero brindar un homenaje, con mi escueta entrada. Porque, como ya te he dicho en otros lugares, tu lucha es incesante e incansable; porque sacas las uñas contra los designios del destino cuando no te son favorables; porque te enfrentas a ellos, como una leona; porque te conmueven los problemas de otros como si de los tuyos se tratasen.

Tan sólo quiero decirte algo, Sue, GRACIAS, gracias por dejarme compartir un trocito de .

26 de agosto de 2010

Coraje ¿Dónde estás?



Si no fuera por mis pequeños, creo que no lo llevaría tan mal; pero el ahogo se multiplica al pensar en ellos. Al pensar que, quizá llegue un momento en que sus necesidades básicas peligren.

Hubo una época (hasta no hace mucho, realmente) que pensé que, después de lo vivido en mis primeros 18 años de vida, tenía derecho a algún tipo de resarcimiento; a encontrar, aunque fuera temporalmente un oasis; que llegaría un día en que, aunque no tuviera mucho dinero, y dado que, hasta hace relativamente poco siempre he trabajado, llegar a fin de mes no supondría un problema.

Hoy ya es problemático llegar a mediados de mes. Y esa situación me tiene desbordada. Hay días que todo se me hace una cuesta arriba tremenda, y , me pregunto: ¿dónde está la fortaleza que siempre creí tener?, ¿dónde está ese coraje que siempre me hizo tirar del carro en los momentos difíciles?. ¿Acaso me han abandonado?.

Unas personas, muy sabias, me hicieron ver que tengo en mi vida cosas que realmente valen la pena, pues tengo dos hijos sanos y maravillosos. Otra gente, con mis mismos problemas no tiene tanta suerte, es cierto.

Incluso me han marcado unas directrices de coraje, que me han calado muy hondo y que han supuesto una "puesta en marcha"; pero incluso así "la primera en la frente": algo que parecía que claramente iba a resolver algo, al final desapareció de golpe.

¿Puedo tener esperanzas?. ¿No las tengo porque el miedo al fracaso es demasiado grande? NO sé, tengo tantas preguntas.....y la principal es ¿dónde se fue mi coraje?

19 de agosto de 2010

El Hada del Amor Eterno

En un bosque encantado, vivían tanto hadas como duendes. Cada uno se dedicaba a lo suyo.
Los duendes se encargaban de proteger a las personas, tanto cuando ingresaban en el bosque, como cuando estaban en sus casas. Las hadas, por su parte, endulzaban el aire con sus bellas canciones y revoloteos brillantes sobre las flores y los árboles.

También estaban las hadas y duendes malos, que hacían conjuros para hacer el mal, cuando eran invocados por personas que así lo quisieran.


Un día el Hada Moira (que era de las buenas), revoloteaba entre las flores y los árboles. Ella no sabía que Krull, un duende malo, la estaba espiando desde la base de un Roble, y que había quedado embelesado al verla.

Los duendes malos tenían prohibido acercarse a las hadas buenas. Krull intentó e intentó alejarse de ella, pero, su corazón, latía cada vez con más fuerza al verla. Ya estaba por irse Moira, cuando Krull la llamó desde debajo del árbol.

-"¡Hola, soy Krull!, ¿y tú?". Ella, al verlo, se asustó; pero sintió dentro suyo algo especial y le contestó: -"Soy Moira". El le pidió que bajara a la base del árbol, pero Moira recordó que no estaba permitido hacerlo. Igualmente, se acercó a él. Fué amor a primera vista, ellos no lo podían creer. Estuvieron abrazados, por largo tiempo, charlando como si se conocieran de otra vida.

De pronto, a lo lejos, un rayo cayó sobre ellos. Era la Reina de las Hadas malas, que, observándolos, pensó que era algo que no podía permitir. Ambos murieron abrazados, y, con el tiempo, al pie del Roble, crecieron dos pequeños robles entrelazados.

De ambos lados se comentaba que todos los años, el mismo día de su muerte, los robles brillaban y emitían murmullos con palabras de amor.

(Leyenda Irlandesa)

11 de agosto de 2010

Para tí, Papá.

Ayer, lo que pudo haber sido un día aciago para mí, tuvo un final feliz.
Ayer pude haber perdido a mi padre, en un terrible accidente de tráfico; a la vista está por cómo quedó el coche.

Es curioso cuando, ante la falta de noticias, una multitud de sentimientos y emociones se amotinan en nuestro interior, y nos damos cuenta de que, en un segundo o, quizá, en milésimas de segundo, nuestra vida puede dar un giro de 360 grados y truncarse de un momento a otro.

Esa falta de noticias desde que supe del accidente, hasta que tuve conocimiento de su estado, se apoderó de mí una impotencia inmensa. No hacía más que intentar transmitirle por mi pensamiento y mis sentimientos, por si eso de la telepatía existe, "papá no me dejes, porque te necesito en mi vida papá, no me abandones". No me salían las lágrimas; los nervios no las dejaban aflorar. No sabía por donde andaba y tan pronto empezaba a hacer una cosa, como me encontraba realizando otra... Si habéis pasado por algo parecido sabéis a qué me refiero.

Unas horas antes, tan felices y contentos, y en un ápice de tiempo, la vida del revés.

Pero tengo que dar gracias al destino, a la vida, a eso que está ahí que hace que las cosas pasen por algún motivo. Era curioso que, hace unos meses, le parecía al hombre demasiado esfuerzo hacer dieta, pero se lo propuso y consiguió adelgazar más de 20 kilos. Esa dieta, aunque parezca un chiste, fue lo que le salvó la vida, pues tuvo que salir por la ventanilla del coche, que había quedado boca abajo. Si no hubiera adelgazado, se habría quedado atrapado. ¿Las cosas suceden por algo?. No lo sé, sólo sé que hoy tengo que dar, como decía la canción, "gracias a la vida que me ha dado tanto".

22 de julio de 2010

Soledad


Ayer, al verte partir,
la mitad de mi alma se fue contigo
y una soledad inmensa,
invadió la otra mitad.

Soledad porque añoro tu compañía;
soledad ante la vida que,
sin , dura se hace;
Soledad de mujer, esposa y amiga:;
Soledad de vacías noches
sin tu necesaria presencia.


Quisiera no extrañarte,
pero tanto es lo que te quiero,
que de extrañarte vivo, y,
anhelando tu regreso, muero.

Soledad, quizá necesaria
para así, bien valorarte.
Que duro resulta amar,
cuando te sientes tan sólo,
faltando, a tu lado,
la mitad de mismo.

Mas prefiero anhelarte y quererte
más si quieres, adorarte,
pues sin tu amor
no imagino mi vida.
Sin tu amor
me volvería cobarde.

16 de julio de 2010

No soporto verte brillar




Cuenta la leyenda que, una vez, una serpiente empezó a perseguir una luciérnaga. Ésta, huía rápido de la feroz depredadora y la serpiente, al mismo tiempok, no desistía.

Huyó un día y ella la perseguía, dos días y la seguía. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga se paró y le dijo a la serpiente:

-"¿Puedo hacerte tres preguntas?"

-"No suelo conceder ese privilegio a nadie, pero, ya que voy a devorarte, puedes preguntar".

-"¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?".

-"No".

-"¿Te hice yo algún mal?".

-"No"

-"Entonces ¿por qué quieres acabar conmigo?"

-"Porque no soporto verte brillar".

Moraleja: Muchos de nosotros nos hemos visto en situaciones un tanto paralelas en la vida y, muchas veces, nos hemos preguntado: ¿por qué esta persona me hace daño?, ¿qué mal he causado yo para que me ocurran estas cosas?.

Pues ocurre que, simplemente, a una gente no le gusta ver a otra brillar. No le gusta que teniendo, quizá, menos bienes materiales, seas capaz de solucionar los obstáculos que la vida te pone, peleando como un león; no les gusta que te conformes con cosas intangibles, etéreas, como el amor de tus seres queridos, el beso de tus hijos, una caricia, el canto de un pájaro, el olor de las flores... porque esa gente, no sabe el verdadero valor de las cosas.

Pase lo que pase, nunca perdamos nuestra luz, pues, mientras la mantengamos nada nos tocará, nada nos alterará, porque se mantendrá indeleble, intacta, imperturbable..... protegiéndonos de los ataques de quien no disfruta teniéndola. Seamos siempre nosotros mismos. Miremos toda la belleza que tenemos a nuestro alrededor, para recordar lo afortunados que somos, aun con problemas y luchando. Así la luciérnaga siempre logrará escapar de la serpiente.

4 de julio de 2010

Parece que fue ayer

Hay que ver cómo transcurre el tiempo. Desde luego, no se detiene ante nada.

Hoy he echado una mirada, breve, al pasado, al que me ha trasladado un vídeo, el de mi boda.
Se me hace imposible pensar que, casi, han transcurrido siete años desde ese mágico momento, en que creí flotar en una nube. Y me parece increíble pensar, cuántos cambios ha habido en mi vida, en este período de tiempo.

Viendo la cara de aquella delgada muchacha, de mirada resplandeciente, temblorosa como una hoja en otoño, me parecía estar reviviendo los nervios de aquel día. Y sí, me parece que fue ayer, cuando mis pies se dirigían a aquella Ermita, cargados de ilusiones; parece que fue ayer cuando al entrar en ella vi a mi, en breve, marido, con su cara embargada por la emoción y los nervios igualmente.

Cómo me gustaría, aunque sólo fuera por un momento, volver a vivir ese día. Un día que tuve el placer de compartir con las personas que más han significado para mí, las que más he querido, y las que han estado a mi lado en buenos y malos momentos...Lo compartí con mis padres: él todo orgulloso con su hija agarrada a su brazo, muerto de nervios, no sé si por simpatía o por la situación de ser quien me entregaba a mi nueva vida; ella elegante como nunca, emocionada como nunca, feliz por mí como no podía esperar otra cosa de mi madre. Lo compartí con mi, por aquel entonces, pequeño hermanito de ocho años. Él sí que iba nervioso con los anillos en un cojín, pensando en no caerse, vestido como si fuera un clon de mi padre: él quería ir con su traje azul como mi padre, con su flor en la solapa y sus zapatos de cordones. Estaba para comérselo y se lo pasó como los indios. Lo compartí con mis familiares, unos más allegados que otros, con mis amigos, con mi gente, en definitiva. Me faltaron algunos, por circunstancias de la vida, y los eché de menos, por supuesto, pero sé que sus corazones, ese día, estaban conmigo.

Por otro lado, me entristece pensar que en ese vídeo mágico, aparecen personas que hoy ya no nos acompañan, como mis abuelos, pero así es la vida; un día seré yo la que falte.

Me ha gustado verlo; me ha gustado ver lo que he conseguido, emocionalmente, en estos casi siete años. ¡Tengo una familia, mi familia!, algo que siempre soñé desde niña, pues no tuve una infancia ni adolescencia felices, ni fáciles. Pero, afectivamente, mi etapa de adulta, me está recompensado con creces de todas las miserias vividas, y de todas las tristezas. Sobre todo mis hijos, ellos son mi recompensa diaria, mi enganche, mi motor.

Espero que lo que me reste de vida, sea lo que sea, siga, a pesar de los tropezones siendo igualmente bonito que lo vivido hasta ahora.




1 de julio de 2010

Peces de Colores


Hermosos peces arriban a mi orilla,
temerosos de atacar la mar.
Sufridores al pensar en sus profundidades.
Tímidamente se acercan a mi hogar,
allí donde la arena es muy profunda.
A veces, habito a la orilla del mar.
En ocasiones, con las penas,
mi larga cola me hace nadar mar adentro.
Pero siempre van a mi vera,
los peces de colores,
incansables de mi compañía,
incesantes en su altruísmo.
A mis rocas llegan conchas de muchos colores,
aportándole hermosura a mi vida,
y magia en los momentos amargos.
Qué sería de mis olas,
sin mis peces compañeros,
llegados de mil lugares.
Que sería de mi espuma,
sin su incondicional cariño.
Gracias peces y conchas de colores,
algunos de tierra seca, que no árida.
Gracias por el amor sincero,
que, ahora, me es indispensable.
La resaca se lleva mis peces y mis conchas,
más tranquila duermo porque,
al amanecer, con un simple aleteo de mi cola
las volveré a encontrar en la orilla.